Tantas injusticias, que
una más poco importa. ¿La razón? Ni los perpetradores la conocen. No nos sobra
el tiempo para andar haciendo tonterías, así que las que cometamos, deben ser
bien sentidas, bien sufridas, y sobre todo, bien estimadas.
Empezamos los días de
Febrero con un mal de estómago porque la luz roja no se enciende. O se enciende
a medias, y luego se vuelve a apagar. Pensaba que lo de coger una buena
partitura y sentarse al piano era el mejor remedio para estas cosas, pero de
momento no encuentro ninguna que sirva, en el sentido menos artístico de la
palabra. La estupidez puede llegar a cotas insondables, pero ¿qué se puede
hacer cuando todas las demás puertas están cerradas?
Creo que tengo las
palabras exactas:
"Ma camarade,
mendiante, enfant monstre ! comme ça t'est égal, ces malheureuses et ces
manoeuvres, et mes embarras. Attache-toi à nous avec ta voix impossible, ta voix !
unique flatteur de ce vil désespoir".
Amen para todos. Y cordura para mí.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada